Un fetiche es una fijación sexual en un objeto, material, parte del cuerpo o situación específicos. Pies, cuero, látex, un tipo de uniforme, un fragmento de una escena: el detalle no es mera decoración. Para algunas personas es la chispa que enciende la pasión. Sin ella, el motor arranca lentamente o no arranca en absoluto.
La mayoría de las parafilias son inofensivas si se practican de forma consensuada y entre adultos. El problema surge cuando la única vía de excitación perjudica a alguien, infringe la ley o invade una vida que la persona desea recuperar. Estos casos deben tratarse en terapia, no en un reto.
Las parejas pueden compartir un fetiche, tolerarlo o rechazarlo. Rechazarlo está permitido. Usar la vergüenza como herramienta de control es una mala estrategia a largo plazo. Hablar abiertamente sobre ese interés, estableciendo límites, es la forma en que las personas descubren si tienen una vida juntos.
No tienes por qué contarle a nadie tus fantasías sexuales en la primera cita. Pero sí debes decirle la verdad a tu pareja antes de sorprenderla con algo que involucre su cuerpo.
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