El lóbulo parietal se sitúa detrás del lóbulo frontal y encima de los lóbulos occipital y temporal. Procesa la información táctil, la percepción espacial y la integración de la información sensorial procedente de diferentes modalidades.
La corteza somatosensorial primaria, ubicada en la circunvolución poscentral, recibe información organizada de la piel, los músculos y las articulaciones. Allí aparece un mapa distorsionado del cuerpo, con áreas más extensas dedicadas a las manos, el rostro y otras regiones sensibles. Las áreas parietales posteriores contribuyen a la atención espacial, la guía del movimiento en el espacio y la percepción del propio cuerpo. Las lesiones pueden provocar negligencia espacial, dificultad para alcanzar objetos con precisión o problemas con el razonamiento aritmético y espacial.
Los lóbulos parietales trabajan en estrecha colaboración con las regiones frontales para planificar acciones y con las regiones occipitales y temporales para construir un mundo perceptivo coherente. Son esenciales para la sensación de habitar un cuerpo que ocupa un lugar determinado.
Cuando uno sabe dónde está su mano y dónde se encuentra un objeto en relación con ella, el lóbulo parietal interviene activamente.
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