Las plantas jóvenes suelen comenzar su vida en bandejas o semilleros. El trasplante las traslada a su ubicación definitiva, donde disponen de más espacio y mejores condiciones para su desarrollo. Esta operación conlleva el riesgo de dañar las raíces, por lo que el momento y la técnica son cruciales.
Riega bien la planta antes de desenterrarla. Mantén la mayor cantidad de tierra posible alrededor de las raíces. Cava un hoyo en el nuevo emplazamiento lo suficientemente grande como para que quepa el cepellón sin que quede apretado. Coloca la planta a la misma profundidad a la que crecía anteriormente, compacta la tierra suavemente y riégala bien para asentarla.
El clima fresco y nublado reduce el estrés. Una malla de sombreo o una cubierta temporal son útiles durante los primeros días. Algunas plantas no toleran bien la manipulación de sus raíces, por lo que es mejor sembrarlas o plantarlas directamente en su ubicación definitiva. Un trasplante exitoso garantiza una transición sin problemas y un mínimo retraso en el crecimiento.
- Trasladar una planta a una nueva ubicación de cultivo.
- Requiere cuidados para proteger las raíces.
- Se recomienda hacerlo con un clima fresco y templado.
- A continuación, se procede a un riego abundante y a su asentamiento.
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